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24 de agosto de 2010

Bésame mucho (pero bien ¬¬)

Uno pensaría que después de tanta práctica de revolear lenguas y probar bocas en los boliches, la gente está entrenadísima en cuanto al tema de los besos. Sin embargo, como siempre dije, la cantidad no hace a la calidad, y nos terminamos encontrando con cada sorpresa que preferiríamos habernos quedado mirando una película en casa.
Qué sé yo, les gusta decir que hay que besar muchos sapos antes de encontrar al príncipe, pero no avisaron que todos los sapos besan igual que como cuando se morfan algún bicho.


Y es así como terminamos, por ejemplo, con una persona que seguramente se agarra una tortícolis, porque mantiene la cabeza girada sin moverla hasta que se le quiebra el cuello (¿será por eso que las minitas ahora se sacan todas las fotos con la cabeza torcida? ¿Les quedó así?). O de esos que te dan lengüetazos tensos como si estuvieran practicando esgrima en tu boca, o los que tienen la manía de la “lavadora”, que no paran de girar la lengua (generalmente para la derecha, a menos que sean zurdos). Después están los Succioneitor, esos que te abren la boca como para tragarte la mitad de la cara al estilo anaconda y te dan ganas de decirle que juegue a meterse un alfajor entero en la boca como hace Tinelli, porque seguro que puede.

Ni hablar de los babosos, esos que están tan ocupados en revolear la lengua que se olvidan de tragar la saliva, y no se contentan solamente con babearte toda la cara, sino que después te hacen un río pegajoso desde el cuello, a la oreja, y nuevamente a tu boca…


Están los apasionados mordedores, que a veces se zarpan y te lastiman la boca, te chocan los dientes y/o te dejan unos chupones que parece que te hubieran cagado a palos. Esos se van al carajo, aunque lo opuesto tampoco está bueno; un poco de pasión nunca viene mal, nadie quiere un “besador en coma”. Esos que apenas abren la boca, y usan muy poco la lengua, como si tuvieran miedo a dejarte embarazada vía saliva.
Y por último, el más desagradable diría yo, aquel que no se lavó nunca los dientes desde la semana pasada y todavía apesta a salamín (por suerte si una tiene el olfato desarrollado, puede zafarla antes de cometer el grave error de besarlo).

Por eso, con mi amigo Montado De Un Huevo (quien trajo esta idea a la mesa y escribió muchos de estos ejemplos), recolectamos unos consejitos para que no seas un bajón a la hora de besar:

-Por el amor de DIOS, lavate los dientes o comprate un chicle.
-Cerrá la boca en algún momento, hij@ de puta!
-Tragá tu baba, respirá, frená un toque!
-Tratá de poner los dientes detrás de los labios, porque si me rompés los míos, me vas a tener que pagar el dentista.
-Movete, chiquit@, movete! Cabeza, lengua y labios, no una sola cosa, todo!
-Empezá suave, lento, con los labios. La lengua de una no garpa, esto no es una inspección de esófago.
-Variá la velocidad, andá aumentando la intensidad… un beso debería ser como una buena canción.