Me estuve quejando mucho de que no me dabas lo que yo quería, pero ahora me voy a dejar de romper las bolas con eso. Me estás dando mucho, universo, solamente que estaba con los ojos vendados, porque me encanta jugar el papel de víctima a veces, soy insoportable, lo sé. Es que es adictivo, ¡Todo el mundo lo hace! ¡Nos encannnnntaa quejarnos, nos encantaa sentirnos miserables, los problemas, las complicaciones, los “peros”! Si no tenés algún problema, no tenes nada de qué hablar, porque ES LO ÚNICO QUE SABEMOS HACER, romperle las bolas a los demás con lo que va mal, andar repartiendo negatividad, para que los demás se pongan a pensar qué les va mal a ellos, para que transmitan más negatividad y más y más, y terminemos todos como el reverendo orto, solamente porque NOS GUSTA!
Universo, es que vos nunca te explicaste, cómo funcionas, cómo tenemos que hacer, nosotros, los humanos que tenemos tanto cerebro sin usar, y que la única parte que usamos, la usamos para hacernos mala sangre.

Y me di cuenta que yo te comprendía sin palabras ni explicaciones cuando era chiquita. Yo soñaba despierta, todos los días, soñaba con lo feliz que iba a ser, con mi fortuna, mi talento, mi excelente esposo, mis viajes al exterior. Cuando era más chica, mis sueños se cumplían, porque yo me ocupaba de soñarlos. Hasta que se me cumplió el sueño más grande, un viaje que siempre había deseado con toda mi alma, como salido de la nada, caído del cielo. Y la gente me dijo “¡qué suerte que tenes! ¡esto no se te va a dar nunca más! ¡la verdad que tenés que estar agradecida, no podes pedir más nada!”. Y sí… yo también lo pensé, Universo. Pensé que era casualidad, suerte, destino, que nunca más iba a volver y todas esas huevadas que la gente dice porque NO SABE. Entonces me convertí en gente… entonces, me convertí en adulta. Con el paso de los años, me comí la negatividad de los demás alimentando la mía propia, me frustré, sufrí, patalié, lloré, perdí las ganas de seguir, porque pensé que ya no me podía volver a pasar algo tan lindo. Me olvidé que ese sueño (y tantos otros, aunque más pequeños) ¡lo había creado yo! No sabía los detalles, no sabía cómo, solo sabía que llegaría. Y llegué.
Universo, ahora entiendo por qué de niños somos felices, por qué en la adolescencia dejamos de serlo y por qué nos convertimos en adultos desesperanzados. ¡Es lo que nos enseñan! Nos olvidamos de soñar, nos olvidamos que tenemos el derecho de cumplir esos sueños, por más imposibles que parezcan. Nos olvidamos que tenemos el poder para hacerlos realidad. Nos hacen enfocarnos en lo que FALTA, en vez de en lo que HAY, en lo que NO TENEMOS en vez de lo que TENEMOS, en lo que SOMOS y no lo que podríamos LLEGAR A SER. En lo que ES en vez de en las POSIBILIDADES INFINITAS, en CÓMO, en vez de dejarlo llegar. Cuando hice mis sueños realidad, nunca pensé en lo que hacía falta para alcanzarlos, solamente me ocupé de soñarlos, desearlos, y de tener la seguridad de que algún día se iban a cumplir… ¡Era así de fácil y dejé que me lavaran la cabeza con sus inseguridades!
Y ahora que volví a entenderte, no solamente a través de palabras, sino a través de lo que sentí al redescubrir que soy parte de vos y vos parte mía, solamente te pido que nunca dejes que el resto de la gente me haga olvidar que TODO ES POSIBLE.
Gente con mente abierta, ganas de entender de qué hablo, de sentirse bien, aprender, y que entienda inglés (o busquen en castellano), recomiendo estos videos.
http://www.youtube.com/user/AbrahamHicks#p/u/22/RTb6mKAwftA


