15 de noviembre de 2009

El desplazamiento del deseo

Siempre pensé que el deseo provenía de una atracción o especie de química que siento con muy pocas personas, como si fuera algo único propio de ellas. Pero, ¿Y si el “deseo” fuera una especie de ente siniestro que se va mudando de cuerpo en cuerpo según se le dé la gana a sus perversas intenciones?
Me lo imagino como un personaje maligno, tendría que ser el villano de la película. Sí, no podría nunca ser el bueno si tomamos en cuenta lo desconsiderado que es con todo el que se cruce entre él y su objetivo. Disfruta silenciosamente deleitándose con las fantasías de lo que podría hacer si logra manipularnos… aún sabiendo las consecuencias que traería.

Cuando me niego rotundamente a ser hipnotizada por él mientras se posa sobre algún cuerpo, se muda… sigiloso… travieso.
Después de un tiempo pienso ingenuamente que desapareció; tal vez se cansó de insistir, o necesitaba unas vacaciones. Pero en algún momento vuelvo a reconocerlo… ¡Ahí está! Se metió en otro cuerpo. Ahora me tiene anonadada, lo vi y no puedo salir de su hechizo. Como la serpiente encantada por el sonido flauta, me olvido, me dejo llevar... él me mira sonriendo, como desafiándome a quitar la mirada, sabiendo muy bien lo débil que soy ante sus encantos. Basta con no reconocerlo para caer en su trampa de nuevo.

Lo que daría por captarlo in fraganti durante su desplazamiento, don Deseo. Lo que daría por ver su rostro verdadero para poder preguntarle qué piensa hacer luego, y pedirle amablemente que me deje elegir su próxima morada. Si pudiera agarrarlo y meterlo en la cucha cuando quiere hacer una de sus travesuras, creo que usted y yo ya no tendríamos tantos problemas.



2 comentarios:

Penelope dijo...

Que genial reflexión. Impecable. Maldito deseo!!! (o solo maldito cuando no se puede cumplir, obvio)
Un beso!

Xaj dijo...

Ese turrito es bastante escurridizo. Igual, sospecho que es uno el que lo invita al guachito a que se amontone junto a la propia piel.

Somos tan así, no?

Abraxo Disen.