12 de julio de 2010

Playground Love

Pasaron los años y las cosas cambiaron... o quizás no cambiaron en absoluto.

Cuando pensaba en él, me sentía chiquitita. Imaginar su sonrisa me trasladaba a un mundo de magia en el que lograba vislumbrar la felicidad todavía lejana pero latente, como cada nota en esta canción me envuelve en sus brazos de destellos dorados prometiendo que todo va a estar bien.


El castillo que veía en el horizonte, aquel por el que tantos kilómetros había recorrido en busca de todas las cosas que siempre había soñado, se fue perdiendo en un bosque de hiedras venenosas y serpientes, uno que jamás me atrevería a cruzar, temiendo el dolor de morir a medio camino. "Como mueren los valientes... o como mueren los tontos", pensé.

De espaldas a la luz, cerré los ojos, dejando que las manos frías me atraparan para llevarme a nuevos caminos de máscaras, confusiones y miedos. Es fácil perderse cuando dejas de lado el camino que sabes que tenes que seguir...Cuando al fin me dí cuenta: lo único que estaba obstruyendo la luz era yo.

El bosque amenazador comenzó a ceder, haciendo desaparecer poco a poco cada una de sus ramas puntiagudas, sus oscuras criaturas y los peligrosos laberintos que conformaba.
Me volví a la luz, y allí estaba, mi castillo, mi felicidad. Las mariposas danzaban a su alrededor como si la primavera nunca se hubiera ido. Las nubes parecían copos de algodón, y sólo bastaba creer y saltar con los brazos en alto para poder tocarlas. El mundo de fantasía existía únicamente para aquellos que quisieran verlo sin temer.

Su sonrisa surgió como el alivio que produce el sol después de una noche helada. Ya no temía, ya no me desesperaba llegar al castillo: ahora podía simplemente disfrutar del camino y de lo que me encontrara en él.

La simple presencia del castillo con el bello príncipe esperándome no había hecho otra cosa que sembrar esperanza, y yo, dolida por la espera del arduo camino, no había hecho más que dejar de avanzar hacia aquello que desde un principio siempre había sido mío... él y su sonrisa sólo se encontraban en lo alto de la montaña porque yo los había imaginado allí.


La rueda había dado una vuelta completa, había cumplido su ciclo.
Y ahora, aquello que tanto dolor me producía, me hacía bien nuevamente. Ahora me deleitaba su existencia. No era más que otro maravilloso ser que me acompañaba ayudándome a aprender en este mundo de plastilina al que yo tengo el poder de moldear a mi gusto.


No hace falta pensar ni luchar... este lugar es todo nuestro, dediquémonos a jugar.

3 comentarios:

Filósofo dijo...

=)

Macarena Susel Vaulet dijo...

hooo que ternura me encanto como escribis u.u te tengo en mis favoritos (L) espero que puedas pasarte y saludar por mis lados jajaja... bueno te espero y espero que me sugigas o que nos sigamos leyendo! (L) besitos y las mejores vibras para vos nos vemos en algun proxima entrada (?) :D jaja

Ro dijo...

Hermoso, me encanta :)